Migración resiliente: la historia la cuentan ellas

    La feminización de las migraciones es una de característica de los flujos migratorios del siglo XXI a la que hay que prestar atención. Con motivo del día de la mujer la Secretaría de Estado de Migraciones del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones celebró un acto en el que se realizó una aproximación a las diversas facetas de las migraciones femeninas. Al acto asistió Ana Fernández Asperilla, Directora del Centro de Documentación de las Migraciones de la Fundación 1º de Mayo y representante de CCOO en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

    10/03/2020.
    Folleto "Migración Resiliente". Madrid, 5 de marzo de 2020

    Folleto "Migración Resiliente". Madrid, 5 de marzo de 2020

    La primera vertiente a la que se dio expresión fue al trabajo de mujeres marroquíes en la recogida de la fresa en el sur de España. Año tras año, las mujeres marroquíes vuelven y realizan idénticas tareas agrícolas. En su desempeño se encuentran dificultades de comunicación con la empresa que les contrata y la intervención de una intérprete de origen marroquí - también trabajadora- facilita la acogida y la expresión de las dificultades a las que se enfrentan esas trabajadoras inmigrantes en nuestro país.

    Las mujeres inmigrantes encuentran empleo en el servicio doméstico, que es la forma que permite en occidente que las mujeres puedan conciliar la vida familiar y laboral mientras que los hombres siguen permaneciendo al margen de las tareas de los cuidados. El porcentaje de mujeres inmigrantes en el servicio doméstico es alto y están en una situación de explotación y de desprotección. No tienen derecho a las prestaciones por desempleo y están fuera del régimen general de la Seguridad Social. De ahí la necesidad de que se ratifique el acuerdo 189 de la OIT sobre las trabajadoras domésticas pues la raza, la clase y el género condenan a las mujeres inmigrantes a la invisibilidad. A estas mujeres tampoco se les reconoce la ciudadanía política y ese estatus es heredado por sus hijos, a pesar de llevar tiempo residiendo en el país de acogida.

    Las mujeres y las niñas que solicitan asilo por razones de género constituyen otra cara de las migraciones femeninas. Viven situaciones de violencia: matrimonios forzados, abortos forzados, delitos de honor, mutilaciones genitales, trata de personas… Es difícil encontrar pruebas que demuestren la existencia de violencia de género que sufren estas mujeres. Además están los bloqueos internos que experimentan por la dureza de las vivencias que han atravesado. Ello les impide hacer un relato coherente de sus trayectorias y es preciso por ello facilitarles marcos de ayuda para que recuperen la confianza y puedan realizar un relato de lo vivido que sirva de prueba.

    Los inmigrantes LGTB que no pueden responder a las expectativas forjadas por sus familias debido a su orientación sexual es otra vertiente de las migraciones femeninas. La incomprensión en el ambiente familiar se convierte en un caldo de cultivo en el que anida la soledad y las dificultades para expresar la identidad sexual. Las asociaciones de inmigrantes LGTB se convierten así en una alternativa a la familia, en la que se encuentra el apoyo y la comprensión necesarios para crecer, visibilizarse y escapar de la soledad.

    Las MENA son una última dimensión de las migraciones femeninas. Las menores extranjeras no acompañadas constituyen probablemente la cara más vulnerable. Muchas de esas niñas se pierden y desaparecen en los países de acogida. A menudo son objeto de la trata de personas y en los protocolos administrativos que se les aplican prevalecen a menudo su condición de inmigrantes sobre la de menores. Se les somete así protocolos humillantes como la exigencia de desnudos integrales, en los que se determina su edad en función del tamaño de los pechos o del vello púbico. Prácticas de esta naturaleza dejan en las menores huellas indelebles difíciles de restañar.

    Una gran parte de los solicitantes de asilo en España proceden de América y no de África como suelen trasmitir quienes buscan con sus mensajes generar miedo entre la población. La inmigración no va a detenerse, es una seña de identidad del tiempo en el que vivimos. Una realidad que hay que gestionar para que las mujeres pueden vivir – y no morir- con dignidad. Para que las mujeres puedan llegar a ser lo que quieren ser y no morir en el intento. El respeto a los derechos humanos es fundamental en dicha gestión.

    Ana Fernández Asperilla

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